CAPÍTULO 3: LLENA DE EDWARD
Después de que estacioné, me apuré a la camioneta, la abrí, tomé mis bolsas llenas de víveres, colgué una sobre mi hombro con mi cartera y tomé las otras dos. Luego puse una en el suelo del estacionamiento, cerré la camioneta, la agarré otra vez y me fui.
Era el miércoles después de la fiesta del sábado por la noche en casa de Edward guión Jacob. Después del sábado por la noche o realmente, domingo por la mañana, en que había soñado con Edward. También había soñado con él la noche del lunes. Y la noche anterior.
Y no podía sacarlo de mi cabeza.
Sabía por qué y había varias razones. Uno: él era caliente. Podía ser aterrador, pero lo aterrador nunca eliminaba lo caliente. O, al menos, no éste tipo de caliente. Dos: no me había dado nada. Bueno, me había dado su rabia, una pista de que tenía sentido del humor y una tendencia hacia el derroche de gestos corteses pero más que eso, nada. No rió, sonrió o habló mucho. Sabía que no le gustaban los italianos. Sabía que no le gustaban las fiestas ruidosas, la gente y el desorden en su departamento. Sabía que tenía dinero y buen gusto, o sentido suficiente para contratar a alguien que lo tenía. Pero más que eso, no sabía nada. Ni siquiera su apellido. Y, aunque no sabía mucho, y no quería, él me intrigaba. Tres: me había cargado en sus brazos y había sentido sus duros músculos y el poder de su cuerpo. Era conmovedor. Yo no era pesada pero definitivamente no era liviana. Esto, también me intrigaba, pero de una manera muy diferente.
Y por último, después de contemplarlo por un tiempo, demasiado tiempo – como casi siempre – su reacción a mi edificio me irritaba. No me protegió de su rabia o de su personalidad, tal como era, pero su claro desdén por mis arreglos de vivienda, era ofensivo. También era, a pesar de que no sabía esto pero lo sentía, extraño en él. Nadie que pudiera mostrar signos de cortesía y actuar con tanto cuidado al momento de señalar nuestras diferentes circunstancias financieras, se comportaba de la manera en que lo hizo cuando vio mi humilde morada. No encajaba, pero sí me molestaba.
Mientras rodeaba el edificio y caminaba por los escalones delanteros todo estaba en mi mente como lo había estado por días. Junto con esto, me pregunté por qué estaba en mi mente ya que no lo había vuelto a ver de nuevo. Y junto con eso, lo que estaba en mi mente era que no podía negar el hecho de que eso era decepcionante. Como sabía por una mirada que Jacob Masen era un idiota, sabía con una mirada que Edward Quiensea era peligroso. Debería mantenerme alejada. Sabía esto y el hecho de que no tenía otra opción. Edward Quiensea y yo no cruzaríamos caminos. Aún así, no podía evitar desear que lo hiciéramos.
Lo que era loco.
Alcancé con mi mano mientras sostenía las asas de una de mis bolsas la puerta delantera de mi edificio, y empujé; mi cuerpo chocó directamente con la puerta, principalmente porque no se movió.
Pestañeé.
Luego empujé de nuevo. No se movió.
¿Qué en la tierra?
Noté movimiento adentro y vi a un hombre caminando hacia mí, usaba pantalones grises y una camiseta gris a juego con un parche sobre su corazón declarando que su nombre era Terry y que trabajaba para Avionics Elevators, y me estaba sonriendo. Automáticamente, sonreí de vuelta mientras su mano iba al pomo interior y abría la puerta.
Todos están haciendo eso, dijo mientras sostenía la puerta abierta para mí.
Lo miré fijamente mientras entraba y él continuaba sonriéndome.
Puse una nota en su lugar que tiene los códigos me informó mientras dejaba ir la puerta y se cerraba detrás de mí.
Miré hacia atrás, escuchándola cerrarse con seguro de una manera en que no lo había hecho en meses y luego miré de vuelta a Terry el hombre elevador.
¿La puerta está arreglada? Pregunté y el asintió.
Sip, el tipo se fue cuando llegué. Teclado numérico y sistema de llamadas, todo en uno.
Caray.
Luego, con retraso, lo asimilé y mis ojos se dirigieron a los elavadores que tenían barricadas de plástico alrededor con señales en ellos que decían: ''Elevador fuera de servicio. Hombres trabajando''. Las puertas estaban abiertas y el desnudo hueco del elevador estaba a al vista con luces de trabajo colgando dentro.
Miré de vuelta a Terry.
¿Está arreglando el elevador?
Nop, sacudió la cabeza. Ya lo arreglé. Le faltaba una pieza. Pieza reemplazada, está todo bien. Inclinó su cabeza a mis bolsas y sonrió de nuevo. Vive en los pisos de arriba, acaba de recibir ayuda.
Genial susurré a pesar de que nunca usaba el elevador. Éste era otro miedo irracional que tenía. Edificios aplastándome en subterráneos y elevadores dejándome caer a mi muerte. Los evitaba si podía y ya que era capaz de subir dos tramos de escaleras a mi apartamento, lo hacía. Noté su sonrisa volverse más grande, luego asimilé su parche y lo miré de nuevo ¿No trabajan las aviónicas en aviones?
Se encogió de hombros, todavía sonriendo abiertamente.
El jefe es un buen tipo pero no es muy brillante. Sabe de elevadores sin embargo. Solo no tiene mucho vocabulario. Creo que piensa que inventó la palabra. Puede no ser brillante pero es un tipo decente así que nadie se lo ha explicado.
Ah murmuré y él siguió sonriendo.
Comencé a moverme hacia las escaleras, diciendo: Bueno, gracias por arreglarlo.
Mi trabajo, cariño dijo a mis espaldas.
Le lancé una mirada sobre mi hombro y me dirigí a las escaleras.
Jesús. Me pregunto si el propietario-imbécil Steve ganó la lotería.
Llegué al tercer piso, giré dentro del pasillo y me detuve en seco.
Charlie, nuestro rara vez visto tipo de mantenimiento, estaba en una escalera cambiando una bombilla.
Oye, Isabella dijo Charlie cuando me vio.
Oye, Charlie dije de vuelta, moviéndome hacia él. Veo que has sido activado también.
Pues claro confirmó lo obvio.
Me detuve al lado de la escalera y levanté la mirada para verlo enroscando la bombilla.
¿Quién prendió fuego abajo? ¿Alguien llamó al inspector de edificio o algo?
Charlie bajó y me sonrió.
Ni idea, es dudoso sin embargo. ¿Sabes que el hombre recibió una paliza? Tiene el labio partido al punto que es extraño que pueda hablar. Ojo morado e hinchado hasta cerrarse. Sostiene su cuerpo de forma graciosa así que quien quiera que fuera le dio algunos golpes en las costillas. Completamente arruinado. Eso´, más que me llamara, me hicieron sumar dos más dos, así que estoy pensando que fue el del apartamento 2G. Su mujer tuvo un bebé. Eso hace mierda a un hombre, especialmente cuando su perra o él han tenido que arrastrar ese cochecito por un tramo de escaleras cada vez que quieren llevar al niño a algún lugar.
Podía ver eso. Conocía al hombre de aquel departamento. Era rápido para sonreír, si te veía cargando cosas dentro del edificio, te ayudaría con eso, siempre abría la puerta y te dejaba pasar primero, y amaba a su pareja y a su nuevo, adorable bebé. Tenían apartamento de dos habitaciones en el segundo piso y sabía que él se enfrentaba al propietario regularmente por las diferentes fallas del edificio. Visto que este chico era grande, de alguna manera suave, pero definitivamente no un tipo con el que te meterías y Steve se había metido con él, lo que había ocasionado seguramente que él se lo devolviera.
No aprobaba la violencia pero no iba a decirle no a un sistema de seguridad, un elevador que funcionara e iluminación en los pasillos que evitaba que el lugar luciera como listo para convertirse en una película de terror.
No creo que él dejaría que llamaras perra a su mujer aconsejé silenciosamente pero todavía sonriendo.
Él la llama su perra y compartimos la misma jerga. Esto era cierto. Creo que lo tomaría bien continuó Charlie. Especialmente desde que arreglé su refrigerador la semana pasada luego de que me llamara directamente porque Steve no hizo ninguna mierda por tres días.
Y, fíjate esto siguió Charlie, programa mensual. Aún si las bombillas no necesitan cambio, vengo el primero del mes y las cambio todas.
Lo miré fijamente y susurré: ¿En serio?
En serio cariño, no es una maldita broma. Pensé que estaba en un universo alternativo cuando Steve vino a verme hoy. Pero entonces, vi los resultados de la visita que quien sea que fuera le hizo, así que tampoco estoy sorprendido. Si jodes a la gente alrededor, eventualmente ellos te joderán de vuelta y ya que a nadie le gusta ser jodido al menos que lo quieran, cuando son motivados para hacerlo, joden más fuerte.
La filosofía de Charlie. En los cinco años que he vivido aquí, la ha entregado a menudo. Siempre estaba liberalmente rociada con maldiciones. Y siempre estaba usualmente en lo correcto.
Respetables palabras murmuré.
Malditamente al pie de la letra, Isabella. Jode sólo cuando quieran ser jodidos. Nunca sabes qué va a molestar a alguien y tampoco sabrás cuando al que estés jodiendo lo sepa.
No soy una persona que jode a la gente compartí y él sonrió.
Bueno, solo en caso de que consideres un giro al lado oscuro aconsejó Charlie.
Cierto, escuchado, catalogado, fichado. Considera tu sabiduría procesada, Charlie le aseguré y su sonrisa se ensanchó. Me moví mientras decía: Te veo luego cariño.
Hasta luego, cariño replicó, tomó su escalera y la movió por el pasillo.
Hice malabares en la puerta para abrirla, caminé a través de ella y vi el papel en el suelo que había sido deslizado bajo la puerta. Cerré la puerta, ignoré el papel y caminé a la cocina para dejar mis bolsas. Cuando volví, me agaché para recoger el papel y lo giré para poder leerlo, En éste había un mensaje mal fotocopiado.
Estimado inquilino:
El sistema de llamada del edificio ha sido reparado además del teclado numérico de seguridad. El nuevo código es 7849. Este código será cambiado mensualmente yusted será notificado vía memorándum además de recibir un correo electrónico con los nuevos códigos una semana previa al cambio de código. Si no tenemos su correo electrónico archivado, por favor contáctenos inmediatamente.
En las siguientes dos semanas, Charlie estará instalando cerrojos y cadenas en todas las puertas. Intentaremos hacerlo a la conveniencia de usted pero preferiría hacerlo durante horas normales de trabajo semanal. Por favor complete y quite el adjunto en el final de este memo y regréselo a la oficina de administración con el tiempo en las siguientes dos semanas que sería conveniente para usted.
Mientras este trabajo toma lugar, le agradecemos por adelantado su paciencia.
La administración
Miré fijamente el memo, el primero de su especie en mi estancia allí y definitivamente más cortés de lo que habría esperado en un millón de años viniendo de La administración conocida de otro modo como Steve, luego mis ojos fueron a mi puerta. Había una cerradura en la perilla. Nunca pensé en nada sobre eso pero mientras miraba fijamente la puerta, un cosquilleo se deslizó por mi columna, la parte trasera de mi cuello y se dispersó sobre mi cuero cabelludo.
Edward había mirado fijamente esa puerta y lo que vio lo había molestado.
Y ahora, de la nada, cuando nunca me he quejado de eso a pesar de que no sabía si alguien más lo hizo, íbamos a tener cerraduras y cadenas en nuestras puertas.
Nena, por favor dime que no vives en el primer piso.
Él miró el elevador. Había notado las luces.
Sin sentido pero algo es algo.
Ese cosquilleo se apresuró hacia abajo y llenó todo mi cuerpo.
Oh dios mío susurré
Lo tengo. Escuché decir a Charlie desde afuera de la puerta.
Lo tengo. Escuché otra voz que reconocí como mi sin trabajo, idiota, algo espeluznante, que no sabía cómo se las arreglaba para pagar la renta, vecino Dick cuyo nombre lo decía todo.
No, dije que… lo tengo. Dijo Charlie firmemente y luego hubo golpes en mi puerta.
Me acerqué a ella, miré por la mirilla, vi a Charlie y a Dick de pie allí afuera y la abrí porque, a pesar de que Dick estaba parado allí, también lo estaba Charlie.
Hola saludé y Charlie estiró un sobre grande y embalado con envoltorio de burbujas.
Esto llegó para ti. Dick lo recibió anunció Charlie. Ahora Dick irá a su lugar, cerrará las puertas, se sentará sobre su trasero y pensará en conejitos.
Evité los ojos de Dick y presioné mis labios juntos, entendiendo a lo que se refería Charlie, pero considerando que si los pensamientos de Dick se dirigían a los conejitos serían pensamientos sobre hervirlos o torturarlos, y tomé el sobre. La parte delantera tenía un rótulo que estaba tipiado y decía sólo: Isabella, 3D.
Gracias, eh… Mis ojos se deslizaron a través de Dick, chicos.
Hasta luego, Isabella dijo significativamente Charlie, lo miré, su rostro me decía que cerrara mi maldita puerta porque Dick era un imbécil y Charlie no lo quería alrededor de mí.
Cierto, hasta luego respondí e hice lo que no me habían dicho pero a la vez sí.
Luego aseguré la puerta que pronto tendría una cerradura y cadena, pero mi mente no estaba en Dick o en Charlie o en las cerraduras o la repentina actividad haciendo mi edificio de apartamentos más seguro con lo que sería un enorme costo. Mi mente estaba en el sobre embalado con envoltura de burbujas que no tenía dirección, no tenía apellido y yo no había ordenado.
Lo llevé a la cocina, lo abrí, lo incliné y una brillante caja negra se deslizó afuera junto con una pequeña tarjeta del tamaño de una tarjeta de negocios.
Miré fijamente la caja. Luego saqué la tarjeta de cartón que la aseguraba, abrí un lado y deslicé lo de adentro.
Me congelé y observé.
En mi mano envuelto en un paquete de espuma protectora, yacía un brillante y nuevo teléfono móvil como los que nunca había visto. Su carcasa exterior era de negro brillante, y por delante había sólo una pantalla. Miré la caja y vi la marca. Nunca había escuchado de ella. Miré de vuelta al teléfono y sus accesorios. Entonces me di cuenta de que mi corazón estaba palpitando y haciéndolo con fuerza.
Bajé la caja y el teléfono y visualicé la tarjeta. Se había caído con la cara hacia abajo en la encimera así que la di vuelta y miré fijamente las líneas negras que formaban palabras.
Isabella: Ninguna mujer debería estar sin un móvil que funcione.
E.
El cosquilleo volvió y esta vez no comenzó en mi columna. Sólo cubrió completamente mi cuerpo.
No conocía a ningún E. Ningún amigo. Definitivamente ningún familiar. Ningún compañero de trabajo. Nadie
Excepto Edward Quiensea.
Oh dios mío susurré, el teléfono de mi casa sonó y salté.
Luego dejé caer la tarjeta y corrí al teléfono en la cocina.
Hola saludé cuando lo puse en mi oreja.
Escucha esto, día cuatro casi por terminar, ninguna…maldita… llamada.
Jessica.
Respiré profundo, intenté quitarme lo que estaba ocurriendo a mí alrededor, quien creía que era responsable por eso y lo que podría significar y comencé:
Cariño…
Lo ayudé a limpiar por… como, tres horas, hasta, como, las altas horas de la mañana. Me recordó algo que ya había compartido varias veces. Luego me dijo algo que hizo que mi respiración se cortara. Algo que no había compartido todavía en sus otros dos días de hablar mierda sobre Jacob Masen.
Su hermano volvió, fue un completo maldito idiota con ambos, y entendí eso, limpié y luego de eso le di todos mis buenos movimientos lo que significa que se vino dos veces además de dos veces el domingo. Prometió que me llamaría y no lo ha hecho. Zona de jugador lo entiendo, podría tomar dos días. Hasta tres. ¿Pero cuatro?
Atravesé el conocimiento de que Edward era el hermano de Jacob y le recordé: Jessica, este tipo tiene imbécil escrito por todas partes.
¡Le di mis mejores movimientos y cuatro orgasmos! Gritó y me estremecí.
Luego me puse cómoda y lo hice silenciosamente. Ella tenía que trabajar en esto y yo tenía que dejarla. Tenía víveres que guardar. Tenía que enloquecer con la posibilidad de que Edward le hubiera dado una paliza a mi casero y me había enviado un desmesuradamente caro teléfono móvil para recomenzar y definir mi siguiente movimiento. Tenía que hacer un sándwich y ponerme en camino para no perder clases. Tenía cosas que hacer.
¿Y no vuelve por una repetición? ¿No me invita a salir? ¿No hace nada? Preguntó y siguió parloteando. Lo he llamado cuatro veces y, como sabes, esto rompe mi regla dorada de una llamada solamente. ¡Cuatro veces! ¡Cuatro mensajes de voz! Y agregaré, dos mensajes de texto. Y nada.
Se quedó callada. Le di un momento.
Luego le dije: Cariño, lo siento. Es un idiota. Todos son idiotas. Y hablaremos de esto cuando quieras, pero sabes que tengo que ir a clases.
Isabella, este tipo es El indicado me dijo.
No, Jessica, es un imbécil y señalaré una de sus obvias características de imbécil es que hubiera sugerido un trío contigo y tu mejor amiga.
A los tipos le gusta esa mierda descartó.
Si, definitivamente, pero a los chicos que podrían ser El indicado claramente no les gusta.
Ella no tenía respuesta y nunca la tenía cuando yo tenía razón.
Así que dije de nuevo: Tengo que ir a clase.
Jódeme murmuró y reconocí que estaba deslizándose en una absorbida zona de pobre yo. Tenía que tomar una maniobra evasiva y rápida o me perdería mi clase o llegaría seriamente tarde.
Jessica, esta semana, en tu cita, hablaremos prometí.
Cierto, y tal vez deberíamos salir el sábado en la noche, para ver si él sale.
Dios, ¿en serio?
Hablaremos sobre eso mientras hago tus uñas el sábado. Ahora me tengo que ir.
Cuatro días, Isabella susurró, deslizándose directamente en la zona y sosteniéndome fuertemente para llevarme con ella.
Inhalé una respiración tranquilizante.
Luego dije firmemente: sábado, Jessica.
Pausa, luego: Claro, llamaré a Rose. Hasta luego.
Entonces se había ido.
Dios Jessica.
Mientras cortaba el teléfono, me recordé que había cosas para amar de ella. Así que Jessica era un dolor en el trasero, pero había veces en que ese dolor disminuía.
Puse el teléfono en su cargador e inmediatamente comencé a hacer de todo. Enloquecer por las posibles actividades de Edward al mismo tiempo que guardaba las compras. Luego enloquecí al mismo tiempo que hacía un sándwich. Luego enloquecí al mismo tiempo que comía mi sándwich y me cambiaba de ropa. Luego enloquecí mientras caminaba a mi auto y continué enloqueciendo mientras manejaba a mi clase.
Y por suerte había enloquecido lo suficiente que para el momento en que llegué a clase lo pude empujar a un lado y concentrarme.
Desafortunadamente, para el momento en que llegué a casa de las clases, volví a enloquecer. Lo que significó que encontré difícil dormir.
Y significó más, ya que cuando finalmente me quedé dormida, mis sueños estaban llenos de Edward.
La tarde siguiente, tuve poco tiempo. Tenía una clienta, iba a aparecer en mi casa en su franja de las seis treinta y tenía que estar en casa y arreglar todo a tiempo. Pero también tenía que hacer lo que tenía que hacer.
E iba a hacerlo.
Era después del trabajo. Tenía un trabajo a tiempo completo como archivista en una oficina médica que tenía seis doctores y cuatro practicantes de enfermería. Ganaba una mierda de dinero pero el trabajo no era exigente, las chicas de oficina eran graciosas y tenían beneficios excelentes. Estos incluían un seguro patea traseros y, si trabajabas allí por dos años, recompensa parcial en cualquier educación futura que quisieras tomar aún si era la escuela de belleza.
Y la escuela de belleza era donde había decidido ir, así que hace tres años fui. Ya había completado mi certificación de técnica de uñas y estaba haciéndome una clientela cuyas citas pudiera tomar en las tardes y en los fines de semana. La meta era tener suficiente para hacerlo a tiempo completo así sería capaz de rentar un lugar en un salón decente. Esto era difícil con un trabajo y la universidad, pero iba a hacerlo.
Ya había terminado mis clases en aplicación de maquillaje y ahora estaba cerca a completar un curso para ser una técnica certificada en la piel. Me gustaban las uñas y me gustaba hablar con mis clientes. Era genial, seriamente bajo estrés y de hecho pagaba bastante bien. Pero sabía que perdería mi mente sentada alrededor haciendo uñas cuarenta horas a la semana así que tenía que diversificar.
Eso era el por qué había tomado clases para ser una maquillista y estaba cerca de completar mi curso como técnica dermatóloga. Lo que más me gustaba era hacer faciales. Era la tranquilidad. No era sólo relajación para la clienta sino que también para mí. Y me gustaba la brillante pero tranquilizada mirada que mis sujetos de pruebas me daban cuando había terminado. No solo estaba haciendo que su piel luciera genial, estaba haciéndolos sentirse mejor. Y eso era genial.
Pero este no era mi sueño de la vida. De hecho, no tenía un sueño de la vida. Había aprendido que vivir un sueño, encontrar un sueño o que un sueño me encontrara no estaba en mi futuro y había aprendido esto tempranamente.
Dicho eso, yo era ambiciosa.
No quería controlar el mundo.
Quería tener mi propio spa.
Uno bueno que fuera todo sobre relajación, mimos, y hermosura en un lugar pacífico, seguro y hermosamente posicionado. Tal vez en las montañas de algún lugar. Se vería bien. Olería bien. Y sería un trato para cualquiera que abriera las puertas y entrara.
Incluida yo.
Así que tenía un plan. Uñas, maquillaje y faciales anotado claramente, hacerme una clientela mientras iba encontrando un salón o spa que me rentara espacio o que me tomara como una empleada por el momento. Hacía todo esto mientras ahorraba dinero para abrir mi propio lugar. Viviendo austeramente. Siendo inteligente. Educándome. Haciéndome una clientela y suministrando un servicio excelente para mantenerla, así cuando me mudara y estableciera me seguirían.
Entonces ser mi propia jefa.
¿Cuán malditamente increíble sería eso?
Esto estaba en mi mente en lugar de lo que no quería que estuviese en mi mente mientras encontraba un punto algo cerca de las puertas delanteras de la torre de apartamentos. Me tomó tres intentos antes de que hiciera un trabajo horrible en estacionar mi auto paralelamente. No importaba, no estaría mucho tiempo allí. Salí, metí una moneda en el parquímetro que me dio un nanosegundo, no tan poco, pero suficiente tiempo para hacer lo que tenía que hacer.
Luego corrí al edificio y fui al escritorio del recepcionista.
Cuando estuvimos allí el sábado, no había recepcionista de turno lo que significaba día y horas de la tarde. Pero la puerta había estado cerrada con llave y tuvimos que llamar. De alguna manera, había visto el escritorio así que esperaba a alguien detrás de él en algún momento y por suerte tenía razón.
Me detuve en el escritorio, puse el sobre cerrado y envuelto en embalaje de burbujas en él y pregunté: ¿Puedo dejar eso y se lo daría a Edward, creo que su apellido es Masen, en el apartamento 15 A?
Sus cejas se levantaron.
¿El señor Masen? ¿Apartamento 15A? claro replicó. Pero si quiere, puedo llamar. Ver si está allí.
Su mano estaba dirigiéndose al teléfono así que levanté la mía rápidamente y sacudí mi cabeza.
No, gracias. Estoy en un apuro y necesita eso, pero estoy apurada. ¿Puede solo asegurarse de que lo reciba?
Asintió de nuevo.
Claro.
Me largué.
Cierto, punto hecho, nota escrita:
Gracias, Edward. Es muy amable y generoso pero no puedo aceptarlo. Que estés bien.
Isabella.
Y eso era todo. El fin.
Maneje a casa pensando en el fin de Edward Masen al mismo tiempo que deseando, con lo que sabía que era pura locura y no lo entendía del todo, que ese fuera el comienzo.
La noche siguiente era tarde y estaba llegando a casa de mis clases pensando en mi fin de semana. Cuatro clientes el sábado incluyendo a Jessica que sabía que se quedaría junto al otro cliente después de ella y se quejaría sobre Jacob que todavía no ha llamado, sin sorprender a nadie más que a Jessica y quedarse hasta después intentando convencerme de salir con ella a clubes esa tarde buscándolo.
Porque esto no era una eventualidad sino una certeza, Rose y yo ya habíamos formado un plan de ataque. Rose iba a hacer su mundialmente famoso Risotto de pollo, limón y espárragos. Yo iba llevar una botella de vino, mi tratamiento facial y mi copia de Thor. Íbamos a comer, yo iba a darles a Rosalie y Jessica un facial y luego íbamos a pervertirnos sobre Chris Hemsworth.
La tarde perfecta.
No me malinterpreten, hubo un tiempo en que me gustaba salir principalmente porque me gustaba la música ya que amaba bailar. Y a pesar que no tenía la ropa más genial, elegía selectivamente y me gustaba lo que elegía, me favorecía. Me gustaba vestirme bien, cabello suelto, tacones aún más altos, salir, tomar unos tragos, perderme, coquetear un poco, tal vez que me pidan salir en una cita pero especialmente bailar.
Pero ahora tenía veintisiete, no veintidós y esto pasando cada fin de semana con una fiesta salvaje aquí y allá era agotador. Nunca salía para ser parte de la escena. Y no estaba en la cacería de un hombre. Salía en citas. Un par de veces salí con tipos por un tiempo antes de romper. Así que estaba abierta a conocer hombres y explorar cosas. Pero no había encontrado a nadie que se quedara conmigo. No estaba desesperada. Si eso pasaba, pasaba. Si no lo hacía podía cuidar de mi misma. Pero si pasaba, tenía que ser lo correcto.
¿Isabella?
Conocía esa suave, profunda voz como si la hubiera escuchado cada día cientos de veces al día desde mi nacimiento. Así que me detuve a mitad de presionar el nuevo código de seguridad y me giré anonadada para ver a Edward Masen caminando a zancadas por los escalones de mi edificio hacia mí.
Bien, uhm…
¡Mierda!
Me controlé y salude: Hola, luego agregué, ¿Qué estás haciendo aquí?
No necesitaba preguntar. Estaba absorbiendo su rostro, su bien ajustado traje negro, su camisa que era de color musgo y le favorecía incluso llevaba sus ojos azules hasta la perfección, y el hecho de que parecía ligeramente molesto. Pero no pasé por alto la brillante caja negra que sostenía en una mano de largos dedos.
Llegó hasta mí y sostuvo la caja en alto.
Tómalo ordenó, sin saludar, sin sonrisa, nada más que esa palabra.
Bajé la mirada a la caja y luego la llevé a sus ojos.
Edward, no puedo, dije suavemente.
Su cabeza se inclinó levemente a un lado y sus cejas se juntaron mientras preguntaba: ¿Por qué mierda no?
Porque lo busqué en el trabajo y sé que cuesta novecientos ochenta y nueve dólares.
¿Y? respondió instantáneamente.
Lo miré fijamente.
Luego repetí su:
¿Y?
Si, nena. ¿Y?
Me giré por completo hacia él.
Y, no te conozco.
¿Y?
¿Y? repetí de nuevo su repetición.
Jesús, joder, nena. Movió la caja hacia mí sonando impaciente. Tengo mierdas que hacer. Tómalo.
Edward, no puedo reiteré.
Isabella, nena se inclinó y repitió de vuelta con un énfasis aterrador, ¿por qué mierda no?
Miré fijamente sus ojos. Él era impaciente. Estaba molesto. No conocía a este hombre y estaba intentando darme un teléfono de casi mil dólares como si fuera nada.
¿Por qué estás empujando este teléfono hacía mí? pregunté en voz baja y se inclinó hacia atrás.
Te lo dije en la nota, ¿la leíste? Preguntó, su sarcasmo no era entretenido pero no le dije eso. Asentí. Entonces lo sabes, una mujer necesita un teléfono que funcione.
Estoy ahorrando compartí. Tendré uno en un par de semanas.
Sus ojos sostuvieron los míos.
Luego susurró: ¿Ahorrando?
Mierda… ¡Mierda!
Ignoré eso y todo lo que demostraba y le aseguré: De todas formas, estoy bien. Increíble. O lo estaré en el ámbito del teléfono en un par de semanas.
No dijo nada por unos pocos segundos y luego suavemente ordenó: Isabella, toma el teléfono.
Edward…
Toma el teléfono.
Yo no…
Nena, toma el jodido teléfono.
¿Le diste una golpiza a Steve?
Solté eso y no sabía por qué. Si no lo había hecho era algo grosero asumirlo. Si lo había hecho, no quería saber.
Pero no vaciló en responder: No
Sentí alivio atravesándome.
Pero envié a los chicos que lo hicieron, terminó.
Todo mi cuerpo se puso tenso pero forcé a través de mis quietos labios mi: ¿Qué?
Sin embargo, corrigió, no era yo dándole golpes al hijo de puta solo porque tenía otra mierda que hacer.
No dije nada y miré fijamente.
Edward se puso más impaciente.
Isabella, tengo mierda que hacer ahora también. Toma el jodido teléfono.
¿Por qué enviaste a tipos para que golpearan a Steve? Pregunté y de nuevo no supe por qué. No quería saber. Pero pregunté de todas formas y él respondió: Nena, tu edificio es un peligro. ¿Un tramo de escaleras para un edificio de ese porte? Joder no dijo, sin sonar impaciente sino que molesto. Un incendio podría cortar tu ruta de escape, solo tienes una. ¿Y la puerta abierta para que cualquier hijo de puta entre caminando? Te verán, te seguirán, estás jodida. Completamente. No solo porque tengas un solo tramo de escaleras, y es la que está más lejos de tu puerta delantera, sino que también una vez que entras a tu pasillo está oscuro y tu puerta tiene una cerradura, una patada y se abrirá fácilmente. Eso es basura. Tu renta no es excesiva pero no es mierda tampoco. Pagas por un ascensor que jodidamente funcione y una puerta asegurada. Envié a mis chicos a tener una charla. Las palabras que tu arrendador les devolvió no les gustaron mucho. Me dieron una llamada, les di la luz verde, tienes una puerta asegurada, iluminación y una jodida cerradura que puede darte tiempo suficiente para al menos marcar el 911 antes de que algún hijo de puta esté sobre ti.
Bien, eso lo explicaba.
Al mismo tiempo absolutamente no lo hacía.
¿Por qué? Susurré.
¿Qué? Edward no susurró.
¿Por qué? ¿Por qué te tomaste esa molestia, quiero decir, enviar a hombres para hacerlo? A penas me conoces.
Y allí fue cuando Edward Masen lo dijo claramente y cuando lo hizo, no sentí cosquillas. Sentí temblores. Solo no sabía lo que los temblores significaban.
Nena, tu ropa. Mierda. Pero la favoreces y lo haces porque tienes un cuerpo seriamente fantástico, tu cabello es hasta mejor y tu rostro es un rostro que provoca miles de erecciones. Confía en mí, cualquier hombre que te haya mirado probablemente desde que tenías trece se ha masturbado pensando en ti. Todo esto es la receta para el desastre si vives sola en un edificio inseguro con una cerradura como la que tienes. Alguien tenía que dar un paso adelante. Viendo como no eres la única que vive aquí y mi suposición es, que al menos una persona en ese edificio se ha quejado y nada ha sido hecho, así que yo di un paso adelante. Tomó mis chicos y una hora. Tu propietario fue un imbécil así que fue una hora que ellos disfrutaron. No es gran cosa. Ahora toma el jodido teléfono.
Confía en mí, cualquier hombre que te haya mirado probablemente desde que tenías trece se ha masturbado pensando en ti.
¿Esto significaba que él también?
¡Oh dios mío!
Isabella gruño, fue un gruñido aterrador así que levanté mi mano e inmediatamente tomé la caja.
Jesús murmuró él.
No sé qué hacer para agradecerte respondí murmurando.
¿Pido gratitud? Preguntó y yo sacudí mi cabeza así que él continuó. Entonces, lo haré ahora. Usa ese teléfono. No lo vendas. No lo dejes a un lado. Llévalo arriba. Cárgalo. Usa ese pedazo de mierda que tienes, si funciona el tiempo suficiente, para decirle a tu gente tu nuevo número que está escrito en la mierda de la caja. Luego usa el teléfono. Así es cómo puedes agradecerme.
Bien susurré.
Joder respondió susurrando cuando se giró para irse.
¡Para irse!
¿Eso era todo?
¿Todo este esfuerzo, dinero y un cumplido vulgar que todavía se las arreglaba para ser enorme y solo se va?
Me giré para verlo irse y me encontré llamándolo:
¿Edward?
A un paso de la vereda se detuvo y girando su torso para levantar la mirada hacia mí.
No sabía qué decir. El había dispuesto los términos de su gratitud pero tenía más de eso que él así que sentí que otro gesto estaba a la orden. Dudaba que quisiera una manicura o un facial así que estaba en pérdida.
Isabella, te dije, tengo mierda que hacer señaló y me sacudí para contenerme.
Luego dije suavemente: gracias.
Sin creer que le estuviera agradeciendo a un hombre que apenas conocía por hacer que le den una paliza a mi propietario y darme un móvil nuevo con el dinero que costaba comprar un auto usado, uno de mierda, pero aún así.
Sus ojos sostuvieron los míos. Luego sacudió su cabeza mientras se giraba.
Entonces se había ido.
Caminé a mi apartamento. Luego enchufé mi teléfono nuevo a cargar. Después encontré el nuevo número y usé mi teléfono antiguo para enviarlo por mensaje a todos en mi agenda telefónica. En el medio de esto, mi teléfono antiguo murió.
No mucho después, me fui a la cama.
Me agité. Me giré.
Y cuando finalmente me dormí, soñé con Edward.
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