viernes, 17 de mayo de 2013

TODO UN CABALLERO [Capítulo 4: Solo para mí]

CAPÍTULO 4: SOLO PARA MÍ


Misión cumplida el sábado pasado, tuvimos nuestra noche con risotto, tratamientos faciales y Chris Hemsworth, y Jessica participó en las festividades. Ella lo hizo quejándose de Jacob aunque no durante la película, ni siquiera Jessica podría quejarse de un imbécil chico mientras que Chris Hemsworth estaba en la pantalla.

Ahora era una semana después y Rose, Jessica y yo estábamos arregladas y en la ciudad porque Jessica estaba lagrimosa. Jacob aún no había llamado y Jessica, siendo ella, todavía no se había dado por vencida.

Rose salió porque estaba de humor para salir. La razón por la que no estaba en la fiesta de Jacob era porque sabía, como yo sabía, que él era un idiota y ella no tenía ningún deseo de pasar tiempo con él o su equipo. Así que no lo hizo.

Yo era o demasiado fácil de convencer o estaba demasiado agotada de mi ajetreada vida para resistir un ataque de Jessica así que fui.

Esta noche, sin embargo, yo estaba en el estado de ánimo de Rose.

Hacía poco más de una semana y nada de Edward. No más gestos caballerosos, no importa cuán aterrador, aterradoramente generoso o criminal. Nada.

Quería dejarlo ir y tranquilizarme. Yo tenía un teléfono, era increíble y hacia mucho más que recibir llamadas, tenía internet, correo electrónico, aplicaciones, todo el asunto, todo esto era muy bueno y lucía como algo diseñado por la NASA, pero dentro de cincuenta años… era la bomba. Tenía el edificio de apartamentos más seguro y también todos mis vecinos. Él me dijo en términos inequívocos que me encontraba atractiva pero eso no lo detendría y antes de irse no dijo que me iba a contactar ni tampoco pedir una cita. Así que lo único que podía suponer era que a pesar de que era aterrador, todavía era un hombre que se daba cuenta de que algo necesitaba ser hecho y lo hacía.

Así que hizo sus cosas en adelante.

Para un tipo como él, yo era probablemente un recuerdo.

No me gustaba esto y sin embargo lo hacía. Me sentí aliviada y molesta. Era extraño. Y estos sentimientos no se estaban desvaneciendo. Ni siquiera un poco.

Lo que apestaba. No solo porque no se estaban desvaneciendo, sino porque eran confusos mientras todos salían.

Todavía me preguntaba si pensaba en mí cuando estaba haciendo una tarea determinada. Después de unos días de tratar de convencerme no lo hice tan bien como tratar de no pensar en ello en absoluto, y fallando en ambos, me admití a mi misma que me gustaba esta idea aún cuando me asustaba lo mucho que lo hacía (que era mucho).

Así que decidí salir, tomar unas copas, bailar y festejar nuevas sábanas, un edredón nuevo y almohadas nuevas. Sin tener que comprar el teléfono, la ropa de cama había estado arriba en mi programa de cosas que podía comprar. Tenía la buena clase de las mismas también, yendo más allá de lo que normalmente me permitía y haciéndolo no solo porque ahora tenía el dinero, sino porque Rose me trajo un nuevo cliente. Un extra de quince dólares cada dos semanas por una cita constante para manicura de domingo. Y para mí, treinta dólares al mes era increíble.

Sabes preguntando por ahí, me enteré que ese chico Edward Masen es dueño de este club.

Esta fue Rose gritando en mi oído cuando entramos en Slade, el club nocturno más de moda en el centro de Denver. El consumo mínimo era alto pero era el lugar para ver y ser visto. Las estrellas de cine iban allí. Estrellas del rap, en fin todo aquello que lo hacía ser reconocido como uno de los clubes más populares. Las estrellas de la farándula junto con otros cargados de dinero tomaban posesión de sus secciones VIP, donde tenían sus propias camareras y gorilas para cumplir con sus caprichos y expectativas.

Pero Slade no sólo era famoso y reconocido por las diferentes personalidades que lo visitaban, y la hermosa infraestructura que año tras año era cambiada, sino que también por su personal. Las camareras eran siempre preciosas con cuerpos espectaculares, los camareros eran ardientes y los porteros y la seguridad eran enormes, atemorizantes, pero todo atractivo por lo que si ibas a Slade había delicias para ambos sexos.

Además, había una fila para entrar, cada noche, incluso los días de semana, y su estabas de acuerdo o no era lo corrector por hacer, los porteros seleccionaban y escogían a quienes dejar entrar. No se trataba solo de ropa y dinero.

Si eras preciosa, ibas al frente. Entonces, si lucias como que eras un pastelito, entonces entrabas. Todos los demás podrían estar ahí por horas y nunca entrar. Lo sabían desde años y ni siquiera les molestaba.

Entramos debido a que Jessica tenía cabello rubio fresa, pechos falsos que un ex novio compró para ella y su capacidad de decir no a los postres todo el tiempo y por lo tanto, su cuerpo era delgado y perfectamente tonificado. Sin mencionar que estaba Rose, con su cuerpo alto y delgado, de impecable piel, inusuales ojos leonados, elegante cuello de jirafa y salvaje pelo dorado. Y, por último, al parecer, la nueva integrante era yo, que tenía una cara que podía lanzar mil erecciones. No es un cumplido florido pero aun así, lo decía todo incluso si lo hacía sin tapujos.

El sábado pasado le había dicho a ambas, Rose y Jessica, todo acerca de Edward.

El comentario de Jessica fue: espero que te deje en paz. Él es totalmente ardiente pero también es un total idiota.

Rosalie se me quedó mirando y no dijo nada. Esta era su manera. Tendía a emitir juicio solo cuando ella tenía todos los hechos. Esta era una de las tres millones, veinte y dos mil seiscientas once cosas que amaba de ella. Dicho esto, una vez echó juicio, si era correcto o incorrecto (O si yo pensaba que era correcto o incorrecto), se necesitaría la tortura para hacerla cambiar de opinión. Esto podría ser un poco irritante. Pero era, hasta donde yo podía ver, el único defecto de Rose. Y ya que aguantábamos bastantes de ellos de Jessica, todo se equilibraba.

Hasta que lo mencioné, ninguna de ellas sabía de Edward Masen.

Pero, obviamente, Rose había preguntado por ahí. No me sorprendió. Esta era también la manera de Rose. Tendía a ser curiosa y esa curiosidad fue a toda marcha una vez que un hombre me dio un teléfono de mil dólares y había golpeado a mi casero para que esté más segura (más o menos).

¿En serio? Grité de vuelta.

Ella asintió con la cabeza.

Sip. Desde que abrió hace ocho años.

Guau. Interesante.

De repente, yo estaba feliz de que había sacado mi mejor vestido de salir. Era de diseñador, pero lo compré en una tienda de segunda mano. Negro, ceñido, 5 cm por encima de la rodilla, un hombro al descubierto, el otro brazo sin mangas, al lado un gran agujero abierto que dejaba al descubierto la piel de mis costillas hasta la parte superior de la cadera. No era ardiente. Era abrazadoramente ardiente. Y parte de eso era el hecho evidente de que, para usarlo, no había manera de que pudiera usar ropa interior. Me encantaba. Lo combiné con sandalias de tacón alto de tiras que eran negras, pero parecía que estaban recubiertas con purpurina plateada. No costaron mucho, las conseguí en una tienda de zapatos de escala media, pero eran muy sexys.

¿Tú, uh… - Yo seguía gritando en su oreja mientras presionábamos a través de los cuerpos de camino a la barra- … supiste algo más sobre él?

Sus ojos se cruzaron con los míos y ella negó con la cabeza.

Nop. No se sabe mucho acerca de él, excepto que es el hermano mayor de Jacob. Creo que él tiene treinta y cuatro o treinta y cinco años. No es el mayor fanático de Jacob lo que quiere decir que me estoy inclinando hacia simpatizar con él. También tiene un nombre serio, patea culos. Y le pertenece este club.

No mucha información, ya sabía algo de ella, pero todavía interesante.

¡Oh Dios mío! Escuchamos gritar a Jessica y nuestros ojos se dirigieron hacia donde ella estaba impulsándose a través del club, abriéndonos paso para Rose y para mí, se volvió hacia nosotras ¡Ese cabrón está aquí!

Antes de que mis ojos pudieran moverse a donde estaba señalando su dedo, una tarima VIP que era de tamaño medio, a través del Club desde nosotras pero que tenía una espectacular vista de la habitación ya que estaba por lo menos a cinco pasos arriba, Jessica estaba de nuevo impulsándose a través de la habitación, pero esta vez prácticamente echando a la gente de su camino para hacerlo.

Esto se debió a que Jacob Masen era claramente visible allí. Esto no era una sorpresa, conocimos aquí a Jacob y Jacob estaba casi exclusivamente aquí siempre en su propia sección VIP.

Mi primer pensamiento, y actué de acuerdo a él, fue escanear el estrado buscando a Edward.

Él no estaba allí.

Mi segundo pensamiento fue que era una decepción.

Mi tercer pensamiento fue para recordarme a mí misma que no lo era. Había enviado a alguien a dar una paliza y lamentó el hecho de que no podía hacerlo por sí mismo. Claro, él lo hizo por mí y el casero era un imbécil, pero lo hizo y eso asustaba.

Mi último pensamiento fue que era mejor ponerme en marcha debido a que Jessica estaba irritada y cuando Jessica se irritaba generalmente causaba una escena.

Rosalie tuvo mi último pensamiento primero y ella se apresuraba detrás de Jessica con la vana esperanza de detenerla.

Y fue inútil.

Antes de que siquiera yo estuviera cerca y Rosalie veinte metros detrás, Jessica subía los escalones de la tarima y empujaba más allá de un gorila que estaba mirando detrás de él hacia Jacob para ver si tenía el visto bueno para su entrada. Jessica, con años de experiencia, se especializaba en conseguir entrar a cualquier lugar que quería ir, pasando gorilas, seguridad, al frente de las líneas, entre bastidores, su culo en mesas de ventana de elección en los restaurantes de moda. Nómbralo, ella encontraba su manera de conseguirlo incluso si tenía que usar sus tonificados músculos para hacerlo.

Lo que hacía ahora.

Vi a Rosalie seguir y el gorila no se volvió atrás para ver si tenía el visto bueno. Captó un vistazo de Rosalie y se quedó mirando detrás de su ajustado vestido turquesa y no dejó de mirar.

Viendo que él estaba distraído, esto hizo más fácil para mí llegar a él también.

Rosalie había llegado demasiado tarde y era lamentablemente demasiado tarde. Supe esto en el momento en que llegué a la escena.

Y digo lamentablemente porque Jacob Masen no era solo un idiota mamut.

Jacob Masen daba más miedo que su hermano.

Y sabía esto porque interrumpí a Edward Cullen cuando estaba fumándose un cigarrillo relajante entrometiéndome en su espacio muy personal y tomando su teléfono. A pesar de que hizo clara su irritación, terminó llevándome a casa.

Jacob, por otro lado, había terminado con Jessica, sus textos, sus llamadas telefónicas y su irrupción a su sección VIP intentando hacer una escena y había elegido una manera terrible de comunicarle esto a ella.

Y yo lo sabía cuando llegué a su lado, frente a Rosalie, me acerqué y vi que Jacob tenía a Jessica por ambos brazos. La había tirado bruscamente por lo que su cuerpo estaba contra el de él, su rostro sobre el de ella, y sabía que su agarre le hacía daño porque la hermosa cara de Jessica estaba retorcida de dolor.

Jacob, déjame ir susurró. Me estás haciendo daño.

¿Voy a saber de ti otra vez? Preguntó en una forma que yo sabía que se estaba repitiendo.

No susurró ella.

Cáptalo, no quiero más, no quiero tu mierda gruño, todavía en su rostro y aún sujetándola. ¿Me entiendes?

Te entiendo.

Para hacer más claro mi punto, incluso lo pensarás dos veces. Siguió con eso, enojado en una forma que yo no creía que fuera a calmarse por un rato y él tenía sus manos sobre mi amiga, así que me acerqué.

Jacob, por favor, déjala ir. Ella no lo hará más. Te lo prometo. Solo déjala ir y nos vamos de aquí, dije en voz alta para hacerme oír sobre la música, pero también en voz baja con el fin de hacerle saber que quise decir lo que dije.

La cabeza de Jacob se volvió hacia mí y necesité mucho pero no temblé.

Sip, definitivamente más atemorizante que su hermano. Edward Masen tenía control. Jacob Masen absolutamente no.

Jacob, por favor, lo prometo, no más. Déjame ir. Me estás haciendo daño. Era Jessica en una súplica torturada pero los ojos de Jacob estaban en mí y no la dejó ir. Él se agarró y sostuvo mi mirada.

¿Quieres que deje ir a esta perra? Me preguntó.

Sí contesté inmediatamente.

Entonces asegúrate de que esta perra consiga joder fuera de aquí pero tú te quedas y bebes conmigo contesto Jacob y mi estómago se apretó.

No, déjala ir y todas salimos de aquí, Rosalie entró en la conversación pero Jacob no quitó sus ojos de mí ni incluso mientras le daba a Jessica una sacudida. Oí su quejido así que supe que la sacudida la había asustado o herido.

¿Vas a dejarme comprarte una bebida? preguntó.

Si contesté. Absolutamente.

Isabella dijo Rosalie en voz baja.

Déjala ir le dije a Jacob.

Jacob miró hacia atrás a Jessica, levantándola hasta sus dedos del pie así esta de frente a él y visiblemente estremecida.

Perra, no te veo, no oigo de ti, ni siquiera jodidamente te huelo gruñó y luego la empujó fuertemente.

Ella se tambaleó hacia atrás en sus sandalias de once centímetros y medio que yo sabía que iba a devolver la próxima semana, porque costaban seiscientos dólares algo que no podía permitirse, y Rosalie la atrapó en su caída antes de que esta alcanzara a llegar al piso.

Yo también lo hice pero me quedé corta cuando una mano se cerró alrededor de la parte interior de mi codo.

Torcí el cuello para poder mirar a Jacob que ahora tenía su atención en mí.

Bebida cortó.

Mi estómago en nudos, mi corazón me latía con fuerza, y solo pude asentir.

¡Isabella! Gritó Rosalie y la miré mientras Jacob comenzaba a girarme a la parte posterior del estrado donde había un largo asiento de felpa, color frambuesa.

¡Estoy bien! Grité de regreso. ¡Ve! Solo un trago y te envío un texto cuando salga. Los ojos de Rosalie pasaron de mi a Jacob, a otro gorila que rondaba y del que no me había dado cuenta hasta entonces y, finalmente, sus ojos se volvieron hacia mí.

¡Vamos a estar en el bar! Gritó ella.

Estás con esa perra, ¡vas a estar en la puta calle! Gritó Jacob de vuelta, todavía arrastrándome. La pierdes, te quedas aquí.

No, yo no quería a Rosalie cerca de todo esto.

¡Vete! Grité.

Rosalie sostuvo mi mirada mientras sostenía a Jessica en la curva de su brazo, una Jessica que ahora estaba llorando y mirándome, el miedo reflejado en su rostro. Las perdí de vista cuando Jacob me soltó el codo, deslizó un brazo por mi cintura y me dio vuelta para encararme en la dirección a la que me estaba llevando.

Mierda, mierda ¡MIERDA!

Dios, Jessica.

En serio, algún día esa chica iba a ser mi muerte.

Correcto. Una bebida. Podía tomar una copa con Jacob.

Nos sentamos, él muy cerca de mí y de inmediato sus ojos fueron a través de la tarima y su boca se abrió para gritar una seña hacia la camarera.

La camarera llegó corriendo. Fue entonces cuando vi al gorila que estaba rondando y que ahora estaba al final de la tarima, otro gorila de traje negro estaba de pie en el sueño debajo de él, tenía sus manos ahuecadas alrededor de su boca y estaba gritando algo.

¿Qué estás tomando?

Saque mis ojos del gorila, contuve el aliento y miré a Jacob.

Agua con gas ordené.

Joder, ¿estás haciéndome una jodida broma? mordió él.

Bueno, esa fue la respuesta equivocada.

Miró a la camarera.

Consíguele un cosmo a ella, para mí, Hennessy, Paradis.

Sus ojos se desorbitaron un segundo antes de que ella los cerrara, obviamente por haber sido testigo de la escena o el hecho de conocer a Jacob y se escabulló.

Jacob me miró y dijo:

Tu amiga es un dolor en mi culo.

Era un dolor en el mío también. Pero entonces, en ese momento, lo era por él.

Decidí no contestar.

Joder, ¿Ella piensa que puede darme unos orgasmos y por eso es mi dueña? Preguntó.

No tenía respuesta para eso tampoco, sin embargo, tenía que admitir que era un idiota gritón, pero estaba más o menos en lo cierto.

Tú también eres un dolor en mi culo declaró.

¿Qué he hecho?

No pregunté. En primer lugar, no quería saber. En segundo lugar, estaba tratando de no vomitar y/o tener un ataque al corazón y pensé que ambos eran prioridades.

La única forma en que sé que tu miel no está encerrada en bragas acorazadas es que yo las vería a través de ese maldito vestido. Jesús, ¿Follas con alguien? Preguntó.

Uhm… murmuré, pero no dije más, en su mayoría porque esto no era de su incumbencia, en parte porque había, en efecto, tenido un largo período seco, y por último porque él me estaba asustando realmente.

Lo vi pasar una mano por su cabello y me di cuenta de que se parecía un poco a su hermano, pero no mucho. Ambos tenían el cabello negro con un poco de onda en él, pero Jacob mantenía su cabello perfectamente cortado y peinado con productos. Jacob también tenía los ojos azules, pero no eran ni de cerca tan vibrantes como los de Edward. Era por lo menos 5 cm más bajo pero alto todavía. Y a pesar de que Jacob era musculoso, su constitución era más ligera.

Sus características faciales, sin embargo, no eran las mismas. No, en absoluto. Jacob era guapo pero no empaquetaba el golpe puro de belleza agresiva y masculina de Edward. Ni siquiera cerca.

Dejó caer la mano y me miró.

Jodida, murmuró.

¿Qué? Susurré y él miró el movimiento de mi boca lo cual era incómodo pero teniendo en cuenta el hecho de que estaba susurrando en un club, si no leía los labios, él no tendría idea de lo que decía.

Se inclinó y repitió: Lo jodí. Luego continuó: Contigo. Esa escena. Jodida.

Si lo hizo.

No te preocupes, le dije de nuevo, esta vez más fuerte para que pudiera oírme. Vamos a tener esta bebida entonces, yo uh me… iré y… todo habrá pasado.

Su mirada sostuvo la mía y me di cuenta de que la ira se había filtrado fuera de él.

¿Qué es lo que se necesita contigo?

Sentí que mis cejas se juntaban.

¿Perdón?

Se inclinó aún más y traté de no inclinarme hacia atrás porque él no parecía estar ya enfadado, pero yo no quería probarlo.

¿Qué es lo que se necesita contigo? ¿Cena? Preguntó.

Oh Dios, por favor, que no me invite a salir. Por favor, por favor, por favor.

Estaba considerando la posibilidad de informarle que era lesbiana preocupada por el hecho de que esto podría ir a más, cuando lo sentí.

Esa oleada de miedo, calor abrasador y vibrante.

Conocía la sensación de eso por lo que sabía que iba a venir.

Jacob también lo hizo porque su cuerpo se sacudió, su cabeza se giró alrededor y la mía también, para ver a Edward andando con paso majestuoso hasta nosotros, su cara una máscara de furia pura, los ojos fijos en su hermano.

Se detuvo delante de Jacob, con la barbilla inclinada hacia abajo, ojos abrasadores y me congelé.

Edward empezó Jacob.

¿Pusiste tus manos en una mujer en mi club? Preguntó Edward, su voz vibraba con el mismo calor que irradiaba.

Yo debatía los pro y contras de desaparecer yéndome lentamente cuando Jacob empezó de nuevo: Edward…

Eso fue todo lo que salió porque de repente, Jacob no estaba sentado a mi lado. De repente, Jacob estaba fuera de su asiento y volando a través de la tarima. Se estrelló contra la parte trasera de un par de chicos y chicas que se cayeron junto con él.

Salté de la silla.

La cabeza de Edward giró bruscamente así sus ojos podían fijarme al lugar lo que absolutamente hizo.

No te muevas gruñó.

Dejé de moverme.

Volvió a mirar a Jacob, yo lo hice también para verlo levantarse, tres gorilas acercándose, la gente que cayó junto con él también levantándose lentamente y toda la pandilla del estrado VIP de Jacob batiéndose en retirada.

Lesson cortó Edward a uno de los porteros, el portero asintió con la cabeza y puso las manos en un ahora pálido Jacob y al instante lo arrastró a los escalones mientras otro de los guardias los siguió. Edward siguió hablando: Encuentren a las amigas de Isabella. No tienen auto, escóltenlas a casa. A ellos también, escóltenlos hasta sus autos. Y vales VIP. Ahora.

Guau, eso era agradable. Vales VIP en Slade. Todo el mundo sabía lo que eso significaba. Tu propio estrado para ti y tus amigos, tu camarera propia, tu propio gorila y si llevas la tarjeta de vales, bebías de forma gratuita.

Estaba pensando en esto, cuando la mano de Edward se cerró fuerte alrededor de la mía, arrugando mis dedos algo dolorosamente, vino como un shock.

No tenía tiempo para responder a esto porque ahora estaba siendo arrastrada a los escalones. Él no liberó la presión sobre mi mano y yo estaba trabajando duro para no caerme, así como para mantenerme al paso de él, así que no dije ni pío mientras iba por las escaleras conmigo a cuestas. Entonces él iba por éntrela multitud alrededor de la tarima, empujando a un lado sin dudar.

Llegamos a la parte posterior del club, donde había una puerta custodiada por un gorila que sólo al vernos abrió con premura la puerta, la cual ocultaba unas escaleras iluminadas.

Edward espeté ¡más despacio! No puede seguir el ritmo, dije mientras subíamos las escaleras.

Error. Sacudió mi mano mientras se volvía y me empecé a caer. Él me agarró, me balanceo en sus brazos mientras yo gritaba en shock y me agarraba como lo hice la noche en que me llevó sobre los abrigos. Luego de que subimos las escaleras, él se sumergió, abrió una puerta y entramos. Entonces me dejó sobre mis pies, duro, el movimiento me sacudió y cerró la puerta. La música que se había silenciado cuando entramos a las escaleras, desapareció por completo cuando se cerró la puerta, y me encontré mirando hacia abajo a enojado, en serio aterrador Edward Masen en una oficina privada donde al parecer lo que sonaba era Beethoven.

¿Qué…mierda…es lo que pasa contigo? Preguntó lentamente, con la voz todavía vibrante, la furia todavía radiante y parpadeé.

¿Qué?

¡Yo no hice nada!

Y pensé que él debería saber eso y no confundirse.

Así que lo grité, inclinándome hacia él.

¡Yo no he hecho nada!

Se acercó a mí, rápido. Me retiré, no tan rápido. Golpeé algo, fui en caída libre y mi trasero aterrizó de lado en una silla, de nuevo a un reposabrazos acolchado, una pierna sobre la otra. Edward se inclinó sobre mí, con una mano en la parte trasera superior de la silla, con una mano en el asiento a mi lado, su cara a un centímetro de la mía.

Dios, Dios, Dios, él me asustaba demasiado.

¿Por qué estaba enojado? ¡Conmigo!

Te pusiste ese vestido, ¿no?, susurró y era siniestro.

¿Qué? Susurré de vuelta.

Tú… no… sales de tu casa… vestida así…sin estar del brazo de un hombre como yo gruñó entrecortado con aterradoras pausas.

¿Un hombre como tú? Susurré.

Un hombre que dispararía a otro hombre en la cara si siquiera te mirara. Si, Isabella, un hombre…como…yo.

Se refería a eso. Cada palabra. Dios, quería decir cada palabra de eso.

Edward, me estás asustando.

Sip, todavía susurrando.

Bien, soltó, sus ojos se movieron sobre mi rostro por un tiempo y luego gruñó: No me jodas, no me jodas, no me…jodas.

¿Y ahora qué?

No, no. No quería saber. No quería vales VIP a pesar de que podría venderlos en el internet para la mitad del costo de abrir un spa refugio de montaña.

Yo solo quería irme.

Ahora.

¿Puedes moverte para que pueda levantarme y salir de aquí? Solicité cautelosamente.

Mañana, voy a llevarte a desayunar. Te paso a buscar a las nueve.

Parpadeé.

Entonces, sí, todavía susurrando:

¿Perdón?

Me escuchaste.

Negué con la cabeza.

No puedo.

Mierda. Nueve. Dices que no otra vez y te voy a dar el desayuno de todos modos pero solo porque esta noche, toda la noche, hasta la mañana, estarás atada a mi cama.

Allí estaba. El cuerpo entero me temblaba no estaba segura de si era bueno, como en muy bueno, o malo como en muy malo.

Edward, suspiré.

Nueve.

Tengo un cliente a las once solté, y su cabeza se sacudió mientras sus cejas se juntaban.

¿Un cliente?

Acrílicos. Uhm… uñas postizas. Cita permanente cada dos semanas. Su nombre es Shirley le expliqué, aunque lo estaba sobre informando porque me estaba enloqueciendo.

Me miró fijamente y sentí mi cuerpo entero calentarse desde el fuego enfurecido saliendo de sus ojos.

Luego dijo: Almuerzo, a la una.

Oh Dios.

Edward… repetí.

Almuerzo, Isabella, a la una. Tú vienes a mí. A mi casa. No recibo tu llamada a la una, los chicos te encontrarás y te traerán a mí.

Se refería a eso también. Dios, quería decir cada palabra.

Me estás asustando le dije en voz baja y con honestidad.

Bueno, entonces vas a hacer lo que jodidamente te digo mordió de nuevo. Ahora, voy a irme, enviare un trago y lo vas a beber mientras esperas a que encuentre a un hombre en quien confié para que te lleve de regreso afuera así ningún hombre pondrá los ojos sobre ti mientras caminas a través de mi club. Va a poner tu trasero en un auto y llevarte a casa. Él te va a llevar hasta tu puerta. También va a estar haciendo un recorrido por tu casa. Le das una mierda, él me lo va a decir y voy a castigarte. ¿Estás entendiéndome?

No realmente, susurré.

Lo harás, susurró él, empujó y caminó hacia la puerta.

Para el momento en que llegó allí, me había empujado hacia arriba en la silla, pero no había sido capaz de trepar fuera de ella antes de que él me clavara en el lugar con la mirada.

Ese vestido, nena, si te lo pones de nuevo, es solo para mí.

Luego desapareció por la puerta, oí que cerraba desde el otro lado y se iba.

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