CAPÍTULO 6: ALGO CALMADO Y SUSTENTADO PART 1
Mis ojos se abrieron lentamente y no tenía ni idea de dónde estaba. Solo sabía que me encontraba sumamente cómoda y cálida.
Entonces las vi. Ventanas de piso a techo y las luces de Denver centellando.
Estaba en el desgarbado y cómo sofá de gamuza gris en alguna habitación de Edward, aquella que está en el fondo del pasillo donde guardaba su televisión y claramente donde realizaba su normal vida cotidiana, todos los días (si es que hacia eso). Decorada en tonos grises desde claros hasta oscuros pero era por mucho estilizado, engalanado para la comodidad y no el impacto visual. Y fue a donde él me llevó a esperar cuando fue llamado afuera para algún negocio que no me explicó exactamente.
Edward estaba en la casa y él había arrojado una suave manta de lana sobre mí para mantenerme caliente.
De acuerdo, está bien.
Uhm…
Mierda…
Tomé una respiración profunda, permanecí tendida cálida y cómoda en su sillón y dejé que mi mente volara a través de nuestras actividades después del almuerzo lo cual fue que me llevó a recordar pasar el rato mientras él veía lo que tenía que ver con el fin de que estuviera allí cuando él volviera.
Había, según lo acordado, no hablado mientras comíamos. Él también me había provisto de una comida increíble. No era solo la carne, que fue, por cierto, por mucho el mejor trozo de carne que jamás había probado. La papa horneada estuvo deliciosa también. La piel estaba crujiente y de alguna manera saborizada con especias, ajo, hierbas italianas y el interior estaba mullido con la cantidad justa de condimentos, mantequilla y crema agria. Fue simple, abundante y delicioso.
Cuando terminamos, había roto el sello de hablar para decirme: ''Mantén tu trasero en la silla''. Hice esto mientras él recogía los platos, los llevaba al fregadero y dejaba caer casualmente la vajilla tan genial como el infierno con estrépito. Los dejó allí sin enjuagar y procedió a rellenar mi copa de vino.
Entonces se paseó por la cocina, desapareciendo alrededor de la pared solo para regresar en unos instantes con un paquete de cigarrillos y un encendedor Zippo en la mano. Suavemente, me bajó del taburete y nos dirigió hacia las puertas del balcón, no bajando los escalones de la parte hundida sino guiándome alrededor del borde.
Incluso con los pies descalzos y solo una camiseta en el aire frío a mediados de marzo en Colorado, salió, llevándome con él. Me soltó para sacar un cigarrillo y encenderlo con un chasquido y giro de su Zippo. No era una fumadora, pero llámame loca, siempre había pensado que los Zippos eran geniales. Luego dejó caer el paquete y el encendedor sobre la mesa de hierro forjado, envolvió sus dedos alrededor de mi codo y me posicionó frente a la barandilla del balcón.
Entonces contuve la respiración mientras él se colocaba detrás de mí y pasaba un brazo alrededor de mi pecho, empujándome hacia atrás contra su parte frontal.
Luego levantó su cigarrillo y dio una calada. Levanté mi copa de vino y bebí un sorbo.
-No deberías fumar- le recomendé después de que tragué mi vino.
-He oído eso antes- murmuró.
-Apuesto a que sí- murmuré de nuevo.
- ¿Te molesta?- preguntó y pensé acerca de esto.
A pesar de que era una no fumadora de toda la vida, no me molestaba. Era loco pero me recordaba a casa. Mi papá fumaba. Lo mismo hizo mi tía. Estaba acostumbrada al olor. En cuanto concernía a mi padre, me hacía sentir nostalgia. En cuanto concernía a mi tía, era solo la forma en que era. Era mi hogar. Los dos con los que había crecido.
-No- respondí en voz baja pero con honestidad-. Me recuerda a casa.
- ¿Tus padres fuman?
-Sí, mi papá. También mi tía. Era una chimenea. Paquete y medio al día.
Sentí su cuerpo tenso y preguntó:
- ¿Tu tía?
- Ella me crio después de que mis padres murieran.
Se quedo en silencio un momento, la tensión creciente, luego soltó su brazo alrededor de mi pecho solo para cambiarlo por su mano moviéndome. Se movió también apoyando una cadera contra la barandilla y a continuación su brazo alrededor de mi cintura atrayéndome hacia su frente, casi tocándonos, mientras miraba hacia mí.
- ¿Tus padres murieron?- preguntó en voz baja, con los ojos fijos pero su rostro de nuevo en blanco.
-Sí, cuando estaba en segundo grado.
Sus ojos se entornaron ligeramente.
- ¿Los dos?
- Robo de auto.
Aún sin ninguna inexpresividad. Un destelló iluminó sus ojos y le oí inhalar agudamente en una exclamación.
Luego susurró.
- ¿Qué diablos?
- Trabajaban juntos. No… - Sacudí mi cabeza-. Se iban a trabajar juntos. Trabajaban en edificios uno frente al otro por lo que conducían juntos. Me llevaban a la escuela, me dejaban y luego se dirigían a trabajar juntos. Los testigos dijeron que estaban sentados en un semáforo en rojo y algún sujeto con una pistola abrió la puerta de papá. Él le disparó tres veces, lo tiró a la calle, se subió y se fue con mamá en el auto. Quince kilómetros de allí, encontraron a mi madre, también le disparó, en la calle. Papá sobrevivió el viaje al hospital, pero murió en el quirófano. Mamá recibió un disparo en la sien. Murió antes de que él la empujara fuera del auto.
Su brazo me dejó, sus ojos no, entonces su mano se acercó al costado de mi cuello y se deslizó hasta mi cabello mientras murmuraba:
- Jesús, mierda, nena.
Negué con la cabeza.
-Edward, está bien. Sé que suena dramático, pero no lo es. Cosas malas pasan todo el tiempo a un montón de gente. Obviamente, no tenían idea de que iban a morir al mismo tiempo, por lo que no hicieron los arreglos para qué hacer conmigo. Mi tía, la hermana de mi madre, me acogió y tomó el control de su patrimonio, tal como estaba, y los seguros de vida. Mi tío, el hermano de mi padre, vive en Alaska. Intentó movilizar las cosas para intentar conseguir encargarse de mí, pero trabajaba en un gasoducto, no estaba casado y vivía en una barraca con un montón de otros chicos. Los jueces no continuaron por eso. Y mi abuela, la mamá de mi mamá, ya estaba enferma, por lo que quedó descartada. Ella dejó a mi abuelo, y él regreso a Italia porque al parecer era un idiota pero también porque echaba de menos su casa, pero no echó de menos a sus hijas y no tuvo nada que ver con ellas después de que se fue. Papá no era cercano a sus padres. Ya habían criado a dos hijos y no estaban ansiosos de tener una niña de siete años para criar así que no intentaron obtener la custodia. Sin embargo, fueron relativamente geniales y siguen siéndolo, a pesar de que viven en Arizona. Así que mi tía me crió y ella, uhm… fumaba. Y también, eh… bebía mucho vodka.
Los ojos de Edward mantuvieron cautivos los míos y preguntó:
- ¿Bebía? ¿Murió también?
- No, está muy viva. Al parecer, si te conviertes en uno de los Esbirros de Satanás como recompensa te hace inmune al cáncer, enfermedades cardíacas y del hígado.
Ante las palabras ''Esbirros de Satanás'', sentí sus dedos flexionarse fuertemente contra mi cuero cabelludo, pero esperó hasta que terminé de hablar cuando preguntó:
- ¿Ella no hizo lo correcto por ti?
A modo de respuesta, le expliqué.
Tenía un trabajo, y me mude con tres chicas, renta-paga, dormí en un sofá durante ocho mese hasta que una de ellas se fue y yo lo hice dos días después de cumplir los dieciocho. Todavía iba a la escuela secundaria hasta que me gradué, pero a los dieciocho años me fui, absolutamente.
- Ella no hizo lo correcto por ti- murmuró, entonces flexionó el cuello y lo vi darle una calada a su cigarrillo y exhalar una corriente enojada de humo. Luego contempló la Cordillera Frontal con una expresión en su rostro que le hacía parecer como si estuviera conspirando algo.
- Fue hace años, Edward- dije en voz baja y sus ojos se dirigieron de nuevo hacia mí.
- ¿Te golpeó?- gruñó.
Negué con la cabeza.
-No, simplemente no es muy agradable.
-En el lenguaje de Isabella ¿qué, exactamente, significa no muy agradable?
- ¿lenguaje de Isabella?
- Estás siendo indiferente, ya lo sé. Pero no te conozco lo suficiente como para saber cómo estás lidiando con esto. Así que quiero saber y quiero saberlo exactamente.
-Edward- empecé, y su rostro profundizó en el mío incluso mientras su mano tiraba de mi cabello hacia arriba, hacia él.
-exacto, nena- ordenó.
Suspiré.
Entonces empecé a hablar porque no lo conocía muy bien pero estaba empezando a conocer el hecho de que tendía a encontrar formas de obtener lo que quería y la mayoría de esas formas envolvía niveles extremos de autoritarismo mezclado con tenacidad.
Cuando empecé a hablar, se alejó, dejándome un centímetro atrás y fumando mientras lo hacía.
-Simplemente no era agradable y su no ser agradable se convertía en ser una perra no agradable cuando bebía mucho lo que por desgracia, era a menudo. No teníamos mucho y no tenía mucho antes de que me acogiera y no estoy segura de que fuera inteligente porque no contó con que la póliza de seguro y el resto de lo que obtuvo vendiendo nuestra casa y el resto de nuestras cosas se acabara tan rápido. Pero ya que se lo sopló todo en vino, cigarros, ropa y nuevos muebles, un estéreo, una TV, dejándome con mi abuela enferma y yendo a Las Vegas o en un crucero y cosas como esa, era el destino.
Edward siguió fumando mientras hablaba, pero su mano en mi cabello, se deslizó hacia abajo por mi cuello y su pulgar, acariciando la piel allí.
Se sentía bien, tan bien que era una distracción y mantener mi mente fuera de cuán bien se sentía su pulgar acariciando ligeramente mi piel, seguí hablando.
Pero al menos era agradable antes de que el dinero se acabara. Sabía que era una pérdida para ella porque me lo dijo. Sabía que ella sentía que merecía una compensación por acogerme porque casi me hizo su esclava. Yo cocinaba. Limpiaba. En el momento en que pude conducir, hice la compra de comestibles. Ella no hacía nada de eso y quiero decir nunca. Se sentaba sobre su trasero y si quería una bebida, me decía que le trajera una, té helado, ocasionalmente, vino en su mayoría. No me ayudaba con mi tarea, aunque probablemente no era lo suficientemente inteligente para ayudar. No le importaban mis calificaciones. Constantemente hacía observaciones sobre mi ropa, mi cabello. Solo por ser desagradable. En el minuto en que pude conseguir un trabajo, me hizo hacerlo, entonces me hacía comprar mis propias cosas y paró de darme dinero, solo un techo sobre mi cabeza y me alimentaba. Estaba perpetuamente de malhumor. La vida no era buena para ella, nunca lo era. Pero si la vida no era buena, no era la clase de persona que encontraba una forma de hacerla de esa forma. Solo esperaba que lo fuera y mientras el tiempo pasaba, no mejoraba, incluso si no hacía nada para mejorarlo, se volvía más y más enojada.
Edward siguió fumando, mirándome, acariciándome y exhalé y continué.
- No tenía un hombre o al menos no un hombre que colgará de una mujer perezosa por mucho tiempo, así que me culpó de eso también. Decía que los hombres en su vida la dejaban porque me tenía a mí colgada de su cuello. Pero realmente, era solo ella. Y peor, realmente amaba a mi mamá. Como, realmente. Es extraño, pero creo que la única persona en la vida a quien realmente amó era mi mamá. Me parezco a mi mamá. Me lo decía todo el tiempo. La mayoría de las veces decía que apestaba que yo estuviera allí y no mi mamá. He pensado en ello y siempre me preguntaba si era eso lo que la hacía una perra. Que extrañara a mi mamá, no sabía cómo tratar con ello, tenía un exceso de sentimientos que manejar y no sabía cómo y era la clase de persona que lo tomaba sobre mí. Lo que sea. En pocas palabras, no divertido, así que en el minuto que me pude, me fui. No la vi nunca más. Ahora es solo un recuerdo.
Terminado, paré de hablar.
Edward no se movió, ni su cuerpo o sus ojos de mí.
Entonces su mano dejó mi cuello y se alejó de mí para ir a la mesa y tirar su cigarro en un limpio cenicero de vidrio cortada que estaba puesto sobre la mesa de hierro forjado. Una vez terminada la misión, sus ojos volvieron a las montañas.
Hizo todo esto y lo hizo sin hablar.
Tampoco lo hice, pero me giré a mirarlo y seguí mirándolo mientras inspeccionaba la cordillera.
Finalmente, pensando en que esto era raro, lo llamé.
- ¿Edward?
Sus ojos instantáneamente vinieron a mí.
-Te llevaré a cenar mañana en la noche- declaró y parpadeé.
Había hecho lo que me pidió, explicar sobre mi tía exactamente y no tenía comentarios.
Jesús, este chico era raro. Caliente, pero raro.
- No puedo- le dije- Tengo clases.
- ¿Clases?- preguntó.
- Escuela. Escuela de belleza. Estoy sacando una certificación en Tecnología de la piel.
- Martes- estableció inmediatamente y sacudí mi cabeza.
-Clientas. Dos de ellas. Una a las seis treinta. Una a las ocho.
- ¿Clientas?
- Ya estoy certificada como técnica en uñas. Ambos son acrílicos.
Se giró para mirarme de lleno y preguntó,
- ¿Por qué tomas clientas por las noches y fines de semana?
- Porque trabajo como empleada de archivo a tiempo completo durante el día.
Me estudió.
Entonces murmuró,
- La vida no es buena, encuentra una forma de hacerla de esa forma o al menos hacerla mejor.
- ¿Qué? - pregunté tranquilamente pero lo sabía. Esas eran mis propias palabras viniendo de regreso a mí.
-No sé una mierda sobre esto- anunció-. ¿Las mujeres que hacen uñas necesitan tener un trabajo a tiempo completo para cubrir sus traseros?
- Uhm... no. Pero solo tengo clientela a tiempo parcial. Para rentar una estación en un salón o lo que sea y vivir de ello, necesito una clientela a tiempo completo. Estoy trabajando en ello.
-Nena, un trabajo a tiempo completo con la escuela, solo lo señalo, es una hazaña imposible.
- Solo me quedan unas cuantas semanas de mi certificación en tecnología de la piel y puedo empezar a tomar clientes los lunes, miércoles y viernes en la noche. Eso lo hará más fácil. Y puedo diversificar y conseguir clientes de faciales también.
Su boca se apretó. Entonces sus ojos regresaron a la cordillera.
- ¿Edward?-llamé.
Sus ojos cortaron de regreso a mí.
- Con el horario que llevas, nena, no hay tiempo para mí. No me gusta eso.
Presioné mis labios juntos porque esto era una especie de verdad.
- No trabajo los sábados en la noche ni la mayoría de domingos,-dije suavemente.
- Yo trabajo los sábados en la noche, lo que deja solo los domingos, - replicó, entonces repitió-: Así que, no me gusta esto.
Jesús. Dijo que le gustaba pero la evidencia sugería que en verdad le gustaba.
Y me gustó eso.
-Vendrás al club el sábado- declaró-. Trae a tus chicas. Te daré un VIP y enviaré un auto para ti y para ellas. Cualquier amigo que lleves que quieras allí, te daré el número de Kathleen, te dará los pases que necesites para aquellos que se encuentren contigo en tu sección. Pasaré tiempo contigo en el club si lo tengo pero restringido, pasarás tiempo conmigo después de que termine. También reclamo el domingo.
-Tengo clientes el domingo en la mañana- le dije.
- Te llevaré a casa para tomarlos y te recogeré para pasar el resto del domingo conmigo.
¿Llevarme a casa?
Eso significaba que asumía que pasaría la noche con él.
Y me gustaba esa presunción.
Mi corazón se apretó.
El móvil en el bolsillo trasero de Edward timbró.
-Dame un segundo, nena-murmuró, sacándolo, mirando a la pantalla luego oprimiendo un botón y poniéndolo en su oreja-. Diga- saludó, hizo una pausa y luego hubo un semi- gruñido-. Dime que estás jodiéndome. -Otra pausa y luego un molesto-: ¿Qué hora es? - pausa entonces-, ¿por qué diablos tuvo que esperar hasta casi las jodidas dos treinta para arrastrar su trasero hasta ti? -silencio entonces-, Jesús, mierda, esta perra va a hacer que mi puta cabeza estalle. Maldita sea. ¿Reporto que él es un regular?- pausa entonces, más molestia, como en realmente muy molesto-. ¿Él lo ha hecho antes?- otra pausa entonces, siniestramente en voz baja-: Oh no. Este es un mensaje que voy a retransmitir. Tengo a Isabella conmigo. Voy a hacer que se establezca y te veré en el club. - Pausa entonces -. Así es. Veinte, tal vez treinta. Nos vemos.
Él apretó un botón y sus ojos se dirigieron hacia mí.
-Tengo que ir a hacer algo y quiero que esperes aquí por mí.
-Tal vez debería… -empecé pero él negó con la cabeza.
-Quiero que esperes aquí por mí.
-Edward…
- Isabella, no estás involucrada en esto, pero hace dos semanas cuando entraste en mi dormitorio para usar mi teléfono, la vida que habías estado viviendo de por sí no tan buena se puso aún mejor. Porque yo voy a hacerla de esa manera. Y a cambio, voy a pedir muy poco de ti. Y ahora mismo, todo lo que te pido es que esperes aquí hasta que yo vuelva a casa para poder pasar más tiempo contigo ya que probablemente no voy a verte de nuevo en una semana más.
Iba a hacer mi vida mejor.
Oh Dios.
Oh mi…
Oh mierda.
Él tenía razón. Ya lo había hecho. Teléfonos caros. Apartamento seguro. Costos ahorrados de un taxi. Carnes suculentas. Mis chicas soportando una escena y obteniendo cupones VIP y acompañantes hasta su automóvil para tratar de compensarlo.
-Mierda, un auto, nena. Tengo que conseguirte algo decente.
Oh Dios.
¡Estaba pensando en comprarme un auto!
- ¿Isabella?
Mi cuerpo se sacudió y mis ojos se centraron en él.
-Edward, no lo sé.
Estaba a un metro de distancia.
Y entonces ya no lo estaba, sus manos ahuecando mi mandíbula otra vez y su rostro era todo lo que podía ver.
-Nena, come lo que quieras, bebe lo que quieras, ve la televisión o una película y solo espera por mí. Todo lo que pido es tu tiempo, y cuando vuelva, tu compañía. Y te digo, realmente quiero que me la des - dijo suavemente.
Dios, en serio, me gustaba.
Y me gustaba lo mucho que me gustaba.
Porque, llámame loca, yo le gustaba.
- Está bien— concordé.
Miré desde cerca como sus ojos sonrieron.
Mi corazón se apretó y mis labios se separaron.
Luego miré de cerca como sus ojos se posaron en mi boca. Entonces los vi oscurecerse.
En ese momento, mis pechos se hincharon, mis rodillas se debilitaron y mi mano libre se elevó hasta aferrarse a un lado de su camiseta a nivel de la cintura.
- Mierda, quiero devorar esa boca - murmuró como si hablara para sí mismo, pero lo oí dado que estaba allí conmigo, mirando mi boca, los ojos ahora oscuros y hambrientos y un hormigueo se deslizó por mi columna vertebral, cuello, irradiándose sobre mi cuero cabelludo mientras otro cosquilleo golpeaba un lugar secreto dentro de mí.
Está bien, de acuerdo.
Muy bien, Dios.
Quería que él - devorara- mi boca. Quería eso con cada parte de mí.
Mi cuerpo se balanceó hacia el suyo, pero sus manos se tensaron en mi mandíbula y sus ojos se movieron a los míos.
- Ahora no, nena- Susurró-. Voy a devorar tu boca, quiero darle tiempo, atención, no tengo lo primero y si te doy lo último, no haré lo que tengo que hacer.
Eso fue decepcionante. En serio decepcionante.
Aun así, susurré en respuesta:
- Está bien.
Él no me soltó, solo me miró a los ojos.
Entonces, las yemas de sus dedos se tensaron en mi piel, y en una áspera voz sexy como el infierno que también estremeció un lugar secreto en mí, gruñó:
-Mierda, no puedo jodidamente esperar a tenerte bajo mí y mirando hacia mí como estas jodidamente haciendo ahora mismo.
Está bien, de acuerdo.
Muy bien, Dios.
Me gustó eso también.
-Edward… - suspiré.
-Jesús, voy a tener esa belleza.
Oh Dios.
Otro hormigueo secreto.
-Cariño- susurré mientras me balanceaba cerca.
-Aléjate de mí, Isabella- ordenó.
- ¿perdón?
- Aléjate de mí, nena. Ahora.
Lo miré a los ojos. Entonces hice lo que me dijo.
Sus manos cayeron, pero una agarró la mía. Luego me llevó a alguna de sus cómodas habitaciones de tonos grises. Luego cargó una película para mí.
Después pasó un dedo a través de la cadera de mis jeans, me prometió que volvería pronto y me dejó.
continuara...
holaaa recien estoy leyendo tu fic y me parece lo maximo por fa podrias pasarme el nombre del libro :)
ResponderEliminarclaro mándame un mail a nicole.castrot@gmail.com y te lo mando en PDF, aunque igual me gustaría que siguieras el fic, y las próximas adaptaciones. saludos!
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